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ELECCIONES FEBRERO 2018:

PUNTO DE INFLEXIÓN O

CAÍDA LIBRE

Seguramente no es la primera vez que se plantea en una elección democrática

a la Presidencia de la República de Costa Rica la importancia de las calidades y

cualidades de quien sea electo; ya que, en el marco de las prioridades y urgencias

que tiene la nación, tales condiciones, no se pueden posponer ni alcanzar por

inercia. Es muy posible que esto lo hallamos oído antes, en otras elecciones del

pasado. Empero, la premisa no pierde vigencia, pues no es menos cierto que en el

panorama actual de la sociedad costarricense, con una complejidad mayúscula en

diversos temas, propio de una democracia madura y sólida, urge de gobernantes

con mayores capacidades y habilidades políticas de las que se acostumbraron en

el pasado.

He sostenido desde hace varios años, que nuestra sociedad ha cambiado mucho,

ha evolucionado, mientras la clase política gobernante ha involucionado. Hemos

dejado de ser una sociedad de masas para convertirnos en una sociedad de

“mosaicos” en la cual, cada grupo o sector intenta imponer sus prioridades

a políticos complacientes e incapaces de lograr el consenso acerca de las

prioridades nacionales y el interés de todos, debido a su falta de pericia en la

comunicación política para alcanzar los acuerdos requeridos. Tal situación, ha

venido en menoscabo de la calidad y la justicia de nuestras políticas públicas,

pues el clientelismo ha sabido sacar ventaja de los gobernantes de turno que

olvidaron la premisa del bien común en su accionar.

En las elecciones 2014, más que por el Presidente Luis Guillermo Solís y por el PAC,

el voto fue por la ilusión de que una tercera opción, es decir un partido diferente

al deteriorado y prostituido bipartidismo, pudiera hacer las cosas diferentes y

encarrilara de nuevo a Costa Rica hacia un horizonte de éxito. Sin embargo, los

resultados al final de su gestión no muestran nada que se pueda catalogar como

diferente, como cambio sustantivo, lo cual de cara a las elecciones de febrero

2018 acentúa la desilusión y desesperanza en los más de 3.300.000 ciudadanos

con derecho al voto.

Claudio Alpízar Otoya, M.Sc.

Director

Revista DECISIONES

Notas del Director

Decisiones 5

Vol. 2, N

o

6, 2017